Karina Fulladosa e Isabel Escobar: “El trabajo doméstico se ha convertido en una forma de esclavitud”

Integrantes de Sindihogar-Sindillar

Karina Fulladosa llegó a Catalunya procedente de Uruguay, donde, por diferentes motivos -su madre trabajaba en el hogar y su padre era sindicalista-, quiso estudiar la situación del trabajo doméstico. Gracias a la beca que le concedió la Universidad de Barcelona, hoy aporta sus conocimientos a Sindihogar-Sindillar, colectivo al que se ha integrado como una más. En cambio, Isabel Escobar se enroló en el sindicato a raíz de un debate entre mujeres sobre la falta de papeles y de trabajo. De origen chileno, Isabel pasaba doce horas diarias limpiando en un geriátrico y, tras ser despedida por denunciar las pésimas condiciones en que trabajaba, ha encontrado trabajo cuidando personas en situación terminal o de edad avanzada. Fulladosa y Escobar son el espejo de un colectivo que sobrepasa las 700.000 personas en todo el Estado -el 80% son mujeres inmigradas-, 400.000 de las cuales trabajan en negro y en las que se aplica un régimen especial que las precariza del todo. Desde Sindihogar-Sindillar, luchan por garantizar los derechos y la autonomía de las trabajadoras.

Karina Fulladosa e Isabel Escobar
/VICTOR SERRI

El próximo mes de octubre hará cinco años del nacimiento de Sindihogar-Sindillar. ¿Qué ha supuesto para vosotros?

Katarina Fulladosa (KF): Se ha convertido en un espacio de convivencia y cuidados para salir adelante. Porque la precariedad nos afecta en el ámbito laboral, pero también en las relaciones que mantenemos con nuestro entorno. Tener esta red de contención y ayudarnos mediante el arte y otras disciplinas es muy importante.

Isabel Escobar (IE): Tratamos de afrontar juntas la discriminación que sufrimos en el terreno laboral. Si eres una mujer inmigrante y negra, como algunas compañeras de Nigeria que vienen al colectivo, tienes menos posibilidades de encontrar trabajo que si eres europea y blanca. Muchas cuentan con estudios superiores, pero, sin embargo, se las desplaza a realizar tareas de limpieza. Pasa lo mismo con las chicas filipinas o sudamericanas, a las que sólo se nos ofrece limpiar o cuidar personas desvalidas.

En este sector, ¿se sienten discriminadas por su origen?

KF: Sin duda. No nos gusta vincular el trabajo a la migración, pero está relacionado porque, si no tienes un contrato de un año y 40 horas a la semana, no puedes acceder a los papeles y, de rebote, esto afecta tus hijos. Es un déficit que la normativa para las trabajadoras del hogar y el cuidado no resuelve.

IE: Bajo el régimen general, estaríamos protegidas. En cambio, con este estatus, puedes trabajar once años y cotizar a la seguridad social, pero, si la persona para quien trabajas muere, pierdes el trabajo y no tienes ninguna prestación. También te contratan por veinte horas, pero acabas haciendo 40 o no te pagan las pernoctaciones ni las horas extras. Yo misma trabajo en negro porque, con lo que cobro para hacer 36 horas mensuales, si tuviera que pagar la seguridad social, no llegaría a fin de mes.

KF: La ley tiene muchas lagunas. Sobre todo cuando se trabaja en una casa particular, donde todo se complica porque estás sola y a merced de la persona que te paga. Habría que poder negociar las condiciones, lo que la normativa no garantiza, y que hubiera una inspección de trabajo, como ocurre en Uruguay y otros países. También debería ser obligatorio hacer contratos escritos para poder regularizar la situación, hacer una revisión de las condiciones según el incremento del IPC y el derecho de tener vacaciones.

¿Cómo afrontáis estas carencias desde el sindicato?

IE: Lo hacemos a través de actividades diseñadas y ejecutadas por nosotros mismos, como las jornadas Migròctones. Aparte de ofrecer, en colaboración con la Universidad de Barcelona, un servicio de asesoría legal con especialidad de extranjería. Incluso hemos montado un catering que permite que las mujeres sin trabajo puedan obtener algunos ingresos.

KF: Para liberar el impacto que supone trabajar en espacios invisibilizados, también hacemos danzas africanas y actividades bioenergéticas. Técnicas que englobamos en el concepto de mimopolítica, que significa hacer política de otra manera: poner en el centro el afecto, el apoyo y el aprendizaje mutuo, unos valores que nos ayudan a mantener vivo el colectivo.

¿Se trata de cohesionar sesión y recuperar la autoestima?

IE: Debemos tomar conciencia de nuestras fortalezas y no dejarnos pisar. A menudo, nos obligan a trabajar más de lo estipulado y esto implica un desgaste, tanto respecto al incremento de horas como por los efectos que tiene para nuestra salud. Debido al esfuerzo, muchas mujeres sufren artrosis o enfermedades derivadas de manipular detergentes y otros materiales tóxicos. Tenemos que saber hacer frente para que el trabajo doméstico se ha convertido en una forma de esclavitud.

KF: Desde una óptica feminista, también deberíamos cuestionar la pauta según la cual las mujeres debemos cuidar los niños y, como provenimos de países empobrecidos, debemos ser explotadas en trabajos precarios. El capitalismo se ha encargado de que lo interiorizamos, pero la solución pasa por organizar los cuidados entre todas y todos. No cambiaremos las relaciones sociales si antes no cambiamos las relaciones humanas.

Texto original en: La Directa, por Àlex Romaguera.

Contacta con Sindillar

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