LA KELLY QUE LE PARIÓ

Hace días una Kelly  mencionaba la incertidumbre que supone entrar a limpiar en una habitación porque decía no saber qué desastre se iba a encontrar.

Muchas veces me pregunto si, en los hoteles, las personas pierden el grado de decencia como valor moral inherente por el hecho de pagar y siento vergüenza ajena por el estado en que dejan algunas habitaciones cuando abandonan la estancia.

En pisos asumimos como obligación la discreción y la privacidad de los clientes y abogamos por la valoración de un desempeño reconocido y remunerado, acorde a unos parámetros dignos de sostenibilidad y metodología, en ello estamos y por eso estamos aquí.

Resulta desalentador, discriminatorio y desmotivador  cuando la labor de una Kelly externalizada no aparece nunca en el tablón de comentarios positivos, cuando nadie menciona como meritorio que en extranet, booking o tripadvisor la media alta de puntuación del establecimiento donde te dejas la piel parte del departamento de pisos, cuando sólo las quejas y los desperfectos abonan del discurso de valoración, cuando se establecen unos estándares de calidad desequilibrados con los ratios y los sueldos y los contratos que firman los responsables van en función de una marcada línea de negocio mutuo.

Pero enlacemos la historia de nuestra Kelly de hoy: Susana.

He de explicar que las Kellys profesionales al entrar en una habitación de cliente establecen una comunicación silenciosa y cómplice con ellos.

Toc-toc, permiso, servicio de habitaciones.

Y acceden a la dimensión de su espacio vital como astronautas sin escafandra. Limpieza, cambio de sábanas, reposición de toallas, amenities, almohadas, ropa para el tinte, caramelos, bombones, cobertura… A veces la propina reconoce su dedicación pero aquel día Susana bajó a buscarme emocionada y satisfecha con una hoja escrita en la mano.

Nunca vio al cliente en cuestión, ni cruzó con él unos buenos días, pero resultó ser el hijo de una Kelly y agradecía y valoraba mucho toda la atención prestada. A veces una palabra de aliento te pone alas.

Os dejo la nota que tenemos enmarcada en el despacho con mucho honor.

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Gela

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2 comentarios en “LA KELLY QUE LE PARIÓ

  1. No soy kell pero trabajo en la limpieza. Es muy duro y cuando te exigen más de lo que puedes hacer en el tiempo que tienes es orrible. Gente de baja y no cubren las bajas . Las que estamos tenemos que sacar el trabajo. Por eso cuando voy de vacaciones a hoteles no quiero que me lo. Pienso la habitación. Yo la recojo y la mantengo limpia los días que esté. Así están más desahogado tas las chicas. Y cuando me voy queda todo en su sitio y recogido. Gracias a todas por el trabajo que hacéis. Sin ustedes no funcionaria un hotel.

  2. No soy una Kelly, pero os debo mucho, como todos los que utilizamos un hotel. Intento siempre dejar todo recogido, sin tareas extras, por una cuestión de educación y respeto. Mi madre tampoco fue Kelly, pero era ama de casa, y como tal todas sabemos el trabajo que supone, por tanto, por respeto a ella y a mi misma, trato siempre de dejar mi habitación en orden. No se trata de qué trabajo hagas, se trata de la educación básica. Y siempre cuando salgo y me desean buen día y respondo … me quedo con ese sabor amargo de ” seguramente el mío no será tan duro como el vuestro ” . Pero nunca había agradecido de este modo la limpieza … lo haré a partir de ahora. Gracias !!

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