Con K de Kelly

Paula es una Kelly que tenía los dedos deformados por la artrosis, a la que sus compañeras siempre iban a ayudar porque sabían de su dolor y su necesidad, una vez fue a su país y vino cargada con un delicado dulce de leche envuelto con mucho amor en papel de albal.

Leila es otra Kelly que no tenía ninguna confianza en sí misma y se desanimaba constantemente sin valorar su esfuerzo ni su gran capacidad. Actualmente, en un  hotel externalizado donde apenas saben su nombre, sirve de apoyo a las camareras que empiezan.

Belky era bibliotecaria, pero no pudo continuar en su profesión, llegó al departamento de pisos como caída de un guindo y aprendió a vestir una cama de manera profesional como quien hace un puzzle y va encajando las piezas, la primera vez que tiró las sábanas y acertó fue todo un acontecimiento.

A Tomasa, una pequeña Kelly que no alcanzaba a limpiar el altillo del armario y hacía la cabra en la base de la papelera para cumplir con el objetivo, cuando empujaba el carro éste parecía teledirigido porque no veías su cuerpo por ningún lado.

Además de la sobrecarga, el esfuerzo, los antiinflamatorios, los calmantes y los “red bulls”, en el bolsillo izquierdo de una Kelly siempre hay otro analgésico de gran efecto reparador: otra Kelly.

Gela

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